Lado D dos Esportes no estilo "a vida é um jogo"
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    December 25th, 2012Lado D dos EsportesBoxe

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    Série Publi$$idade$
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    November 21st, 2012Lado D dos EsportesBoxe

    Tirem as crianças da sala. As cenas a seguir serão fortes.

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    September 20th, 2012Lado D dos EsportesBoxe

    Em dias de Seleção amarelando, alguns preconceituosos lembram do pugilista multicampeão com escárnio, associam-no - e desviam o jeito humilde do atleta para o ser risível, um vacilão - ao mau desempenho atual do E$crete Canarinho.

    A vida, inclusive esportiva, de Adilson “Maguila” Rodrigues mostra o contrário, mas vale a grosseria para garantir o gracejo da barbárie 2.0, a subsistência da “imprensa marrão”. (RAG)

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    July 17th, 2012Lado D dos EsportesBoxe

    O sítio “Cubainformación TV” publicou vídeo sobre o boxeador cubano, Teófilo Stevenson, campeão olímpico falecido em junho passado.

    Enquanto isso, a mídia ocidental, na expressão máxima da liberdade de imprensa… (RAG)

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    January 25th, 2011Lado D dos EsportesBoxe

    Perceber que várias personalidades são “basadas en la visión espectacular de la vida cotidiana del hombre normal y el sosiego espiritual como actitud ante la falta de ingresos y posibilidades” e anotar para publicação, segundo o autor do texto abaixo, é fazer valer a chance de se expressar.

    No caso recortado, é sobre o pugilista Mike Tyson, mas retirado este protagonista, não é difícil cruzar com um hombre espiritualizado assim, até porque quase sempre é só no papel. Na fachada. No personagem. No rótulo/label.

    Associar punhos e jogo de pernas do lutador com o Fordismo é vontade mesmo de colocar a Economia no ringue, mas dá para entender o Economês sem maiores tradutores. Principalmente se alguém lembra dos primeiros segundos de quase todos os primeiros rounds do Tyson. (RAG)

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    Tyson “reloaded”, de bestia a maestro sufí

    Mike Tyson, quien fuera conocido como “el hombre más malo del planeta”, se ha encontrado a sí mismo. Ahora derrocha paciencia y buen humor en su nuevo papel de aprendiz de maestro zen.

    por Jesús Soberón

    La actual vida zen de Mike Tyson bien puede considerarse una alegoría, una metáfora, de la nueva transformación que sufre el capital en su última fase de comienzos del siglo XXI. El resurgir moderno cual ave fénix de este viejo astro del box, tras su estrepitosa caída social, a través de comedias ligeras en estudios de Hollywood y reality shows que retratan su pacífica existencia, deja vislumbrar las nuevas corrientes de producción económica, no ya épicas, sino basadas en la visión espectacular de la vida cotidiana del hombre normal y el sosiego espiritual como actitud ante la falta de ingresos y posibilidades.

    Mientras Ronald Reagan desrregularizaba el sistema de financiación empresarial en la década de los ‘80, Tyson se convertía con 20 años en el ganador más joven del cinturón de la WBC. Poco después vendrían los de la WBA y la IBF, o sea, todos los campeonatos mundiales de peso pesado. Era el triunfo absoluto de la eficacia mamporrera al estilo fordista. Sin excentricidades, sin tiempo para la contemplación del juego de piernas típico del pasado, este coloso demostraba que ante una defensa contundente y los sopapos crudos y bien ensamblados, poco podían las florituras de aquellos que defendían que este deporte era un cierto tipo de ballet.

    Por supuesto, el dinero llovía por aquel entonces sobre este joven negro que había alcanzado las cimas del sueño americano a base de voluntad y de dejar inconscientes a varios blancos, mulatos y chicanos. Tyson se dejaba ver en entregas de premios musicales y fiestas de la jet set, y su nombre sonaba en series como “El príncipe de Bel Air”. De estos tiempos dorados son sus tatuajes de Mao Tse-Tung en su brazo derecho, y de Ernesto “Che” Guevara en el costillar izquierdo, que interpretó como símbolos de autosuperación personal y que hoy quedan como demostración de las contradicciones intrínsecas del sistema.

    En los ‘90 todo fue bien distinto. Su mujer, Robin Givens, una ex prometedora actriz, le abandonó alegando maltrato psicológico y acusando al coloso de constantes depresiones. Además, surgieron rumores de amaños en sus luchas, que sembraron la desconfianza sobre él y su mánager, el muy bien peinado, polémico y enjoyado Don King. Durante el mandato de Bush padre, Tyson cayó en las drogas, en peleas con periodistas y choques de auto, y fue acusado de violación en 1991 por forzar en un hotel a Desiree Washington, Miss Black Rhode Island de aquel año. Tras un juicio lento, Tyson fue condenado a seis años de cárcel y a pagar 30.000 dólares a la víctima.

    En la sombra, Mike meditó sobre su caótica existencia y se convirtió al islam. Salió en 1995 por buena conducta dispuesto a rehacer su vida.

    No lo consiguió: tras una sonada derrota en 1997, durante la reelección de Clinton, contra Evander Holyfield, pelea conocida porque le arrancó a éste un buen pedazo de oreja derecha que fue posteriormente subastado por el guardia que lo encontró, todo fue de mal en peor, y tuvo que aceptar giras de exhibición para pagar sus elevadas deudas o actuar de árbitro en la lucha libre: el colmo del simulacro; todo ello a pesar de haber ganado más de 300 millones a lo largo de su carrera.

    Tras esto, llegaron los vagabundeos y la pérdida de tiempo en rings que no interesaban a nadie. En 2003 se declaró oficialmente en bancarrota, y en 2006 decidió retirarse. En todo el mundo ya se vislumbraba el fantasma de la crisis económica. Pero ¿quién le iba a decir a este ídolo caído que resurgiría en la época de Internet? Ya en tiempos del espejismo Obama, Tyson encontró su hueco en el imaginario popular ocupando el estereotipo de genio de la violencia reformado, ahora nadando en un mar de calma espiritual. Ha renunciado a la agresión y descubierto que la felicidad se encuentra en el desapego de las cosas materiales.

    Aparece en entrevistas rechazando su vida pasada, y explicando cómo el gozo está en la familia y los amigos, y no en los tortazos y el dinero, que sólo le trajeron la desgracia. Y, curiosamente, expresando este desapego, ha sido como ha conseguido reciclarse en estrella mediática, atrayendo el interés de directores de películas y series de televisión ávidos de cameos. Renunciando al dinero ha conseguido hacer de nuevo dinero, y sus seguidores vuelven a brotar como si nunca lo hubieran abandonado.

    Con más de 600.000 fans en Facebook, vegano, y tras visitar La Meca, el futuro brilla en verde dólar para Iron Mike, quien prepara su reality en la cadena Animal Planet, donde explicará su ocaso deportivo y renacimiento como santón sufí, paladín de la nueva actitud ante los flujos del mercado.

    * Imagen superior: Mike Tyson y Don King (a su izquierda) formaron uno de los tándem más importantes de la relación entre los afroamericanos y el capitalismo, a la altura del binomio formado por Michael Jackson y Quincy Jones.

    {Periódico Diagonal}

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    December 25th, 2010Lado D dos EsportesBoxe

    Ao receber este material sobre Eligio Sardiñas, ou Kid Chocolate para o linguajar do Boxe, não teve como deixar de lembrar de “Um upper nas sanguessugas“, post de 11 setembro (opa!) de 2009, já aqui no Lado D, texto reproduzido da Agencia Rodolfo Walsh.

    O de agora é da Agencia Periodística del Mercosur, também da Argentina, e como se não bastasse o tema de trazer um “ilustre desconhecido” para quem não vive o Boxe ou para quem permanece refém da censura voltada à Ilha de Cuba, são muitas passagens da vida de Sardiñas, e as suas falas suspeito que estejam no patamar das suas “falas pelos punhos”. O que fala sobre o pobre rico e o rico pobre nocauteia!

    Aproveitei para recorrer, tal o que fiz no citado post de setembro do ano passado, ao “tem tudo” YouTube, e lá sim, existem raríssimos registros de combates do magrelo cubano, óbvio, campeão dos pesos… para magrelos! As imagens das lutas têm pinta de Expressionismo alemão. E não têm áudio.

    Até a que foi citada por Bianchi Ross, contra Canzoneri, consta na restrita lista de itens encontrados.

    É só buscar mais no “vídeos relacionados” ou “sugestões”. (RAG)

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    Kid Chocolate, un siglo después

    Un texto del escritor cubano que devela entresijos de un ícono de la cultura popular de su país: “el boxeo soy yo”, decía el ídolo de los cuadriláteros. Un texto insoslayable.

    por Ciro Bianchi Ross

    Fue el más grande de los boxeadores cubanos. El más popular. El de mejores récords. El que más dinero ganó. Eligio Sardiñas, el hombre que hizo célebre el sobrenombre de Kid Chocolate, está considerado entre los diez grandes pesos pluma de todos los tiempos y podía repetir con razón: El boxeo soy yo.

    Fue un artista del ring y aprendió sus lecciones con los grandes boxeadores de la historia, cuyas películas estudiaba. Un boxeador de velocidad extraordinaria y habilidad fantástica. Tenía, sin embargo, un defecto físico: su brazo izquierdo era más corto que el derecho.

    Nació en La Habana el 28 de octubre de 1910 y murió en la misma ciudad, el 8 de agosto de 1988. De niño, fue vendedor de periódicos. Se inició en el boxeo con 12 años, en 1922. Ganó entonces el campeonato auspiciado por el periódico La Noche.

    Como amateurs intervino en cien peleas y las ganó todas; 86 por KO y las otras, por decisión de los jueces. Como semiprofesional, derrotó al campeón metropolitano de Nueva York y enseguida pasó al profesionalismo. Por su primera pelea como profesional devengó 32 pesos, y 40 por el primer combate que sostuvo en EE.UU. Siete meses después recibó 17500 dólares por su enfrentamiento con Bushy Graham y, en junio de 1929, justo al año de su debut en Norteamérica, su presencia batió el récord de taquilla en el Polo Ground. Más de 66 000 personas fueron a verlo pelear. Pagaron por las entradas 215 624 dólares, de los que correspondieron al boxeador cubano 50000, la mayor cantidad de dinero pagada a un peso pluma en toda la historia del boxeo hasta entonces.

    En sus días de esplendor, Eligio Sardiñas, “Kid Chocolate”, tuvo 297 peleas y sólo perdió diez. Durante sus diez apariciones en el Madison Square Garden llevó más de un millón de dólares a las taquillas. Fue sin dudas el cubano más taquillero. En 13 peleas hizo una bolsa de 243800 dólares. Alcanzó los honores máximos del boxeo y estableció el récord de ganar 169 peleas en sucesión.

    Hizo un desastroso viaje a Europa y fue noqueado por primera vez en noviembre de 1933 cuando se enfrentaba a Tony Canzoneri. Enfermo y debilitado por la sífilis, ya no sería nunca más el que fue. Aun así, en 1938, propició una recaudación de 10000 pesos en el estadio de La Tropical, cuando derrotó a Fillo Echevarría. El 17 de diciembre del mismo año, luego de su pobre exhibición frente a Nicky Jerone, su manager Pincho Gutiérrez lo obligó a retirarse.

    Canzoneri fue una piedra en su zapato. El Kid siempre sostuvo que el primer combate él se lo ganó al italoamericano. Fue un combate cerrado que dejó una estela de inconformidad cuando declararon a Canzoneri ganador. A partir de entonces volver a medirse con Canzoneri fue casi una obsesión. Y Canzoneri, que era un púgil de solo cinco pies con cuatro pulgadas de estatura, en aquel segundo encuentro, lo mandó a la lona con su pegada descomunal a los pocos minutos de haberse iniciado el combate.

    La enfermedad, que se le diagnosticó en momentos en que no había medicamento adecuado para combatirla - solo el arsénico -, lo derrotó finalmente. El campeón, que solía repetir “El boxeo soy yo” y que ganó una fortuna con sus peleas, terminó como entrenador y en la pobreza.

    Una tarde departía con un grupo de admiradores y amigos en la bodega de San Rafael y Hospital, cuenta el cronista Elio Menéndez, premio nacional de Periodismo. Rememoraba las grandes bolsas que le reportaron sus peleas con Berg, Singer y Canzoneri, y cómo jamás se olvidó de la niñez desvalida. Cuando los muchachos lo veían aparecer en su Cadillac, corrían tras él y Chocolate repartía entre ellos hasta la última moneda que llevaba en el bolsillo. Uno de los presentes se aventuró a decirle:

    - Caramba, campeón, si hubiera ahorrado algo, hoy no estaría en la miseria.

    Fue como si le clavaran un gancho al hígado. Chocolate se despegó de la barra, miró de arriba abajo a su interlocutor, le puso una mano en el hombro y le preguntó:

    - ¿De dónde sacas tú que yo estoy en la miseria?

    Confundido, el intruso trató de disculparse, pero el Kid no le dio tiempo.

    - Apréndete bien esto y que no se te olvide jamás. Muchos de los que se llaman ricos hicieron su fortuna a costa del dolor y del llanto ajeno. Yo, que no amasé fortunas con el sufrimiento de nadie, sino con mi esfuerzo y mi sudor, me sentí dichoso proporcionando felicidad a los demás.

    Apuró el trago y volvió a la carga.

    - Ahí tienes la diferencia entre un rico pobre y un pobre rico. Los que juegan en la primera novena, toman pastillas para dormir. Yo, que con mi dinero repartí alegrías, me siento millonario y duermo a pierna suelta porque todavía disfruto del más grande de todos los tesoros: el calor de mi gente.

    El hombre todavía insistió en disculparse, pero Chocolate no le dio tregua.

    - A quien te diga que Chocolate vive en la miseria, dile que es mentira. Que aun sin un centavo, Chocolate sigue siendo rico.

    {Agencia Periodística del Mercosur}

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    September 22nd, 2010Lado D dos EsportesBoxe

    O “Mano de Piedra” Popó, em candidatura a deputado federal, também subiu ao ringue para tentar nocautear milhares de votos do eleitorado baiano. (RAG)

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    September 11th, 2009Lado D dos EsportesBoxe

    O recorte dos encontros de Max Schmeling, “O Uhlan do Reno”, e Joe Louis, “O Bombardeiro Marrom de Detroit”, apesar dos socos e fraturas, vitórias e derrotas, desafios e revanches, pode ser entendido como um caso de amor (!).

    Estes gigantes dos ringues reinaram dos anos 30 ao final da década de 40, conquistando e reconquistando a coroa de homens mais fortes do mundo, na categoria Peso Pesado do Boxe. Com luvas nos punhos, nocautearam além das páginas laureadas no esporte, a tentativa de cooptação patológica  de regimes políticos, uma vez que, como quase todos os esportistas, descendem das classes econômicas baixas. Mas a parte humanista, aproveitando o termo utilizado por Jorge de Hegedüs no texto abaixo, esteve intacta ao menos entre os dois campeões.

    Conhecer um pouco desta história, “no estilo a vida é um jogo”, é um aditivo para construir a existência por uma trilha autônoma quanto às vontades, e de coexistência, quando inevitável. Tem gente que é indiferente ao Boxe, outros têm medo – como pode gostar de ver dois homens trocando sopapos, podendo até morrerem? -, e claro, os fãs que fomentam todo o negócio. Só que Max e Joe atraíram o lado doente do esporte, mais que a ascensão e a queda, o dinheiro e o fisco, o atleta de ponta e as drogas, tiveram as cores das peles como um dos aditivos externos.

    Os duelos de 1936 e 1938 fazem parte da memorabilia dos aficcionados do Boxe, pois se no primeiro o alemão destronou Louis em Nova Iorque, no 12º round, o tempero para o segundo embate fora o Nazismo. Como se não bastasse a dureza de ser negro nos Estados Unidos, os promotores da revanche tiveram pilhas de sobra para instigar Louis, tanto por desconhecer o oponente quanto pela propaganda ideológica (?) entre os seus países. O que pensar quando estampam nos jornais que Schmeling ganhou por detectar falhas na anatomia e na genética do negro norte-americano? O Uhlan do Reno, manobrável como muitos rapazes de súbito sucesso e de origem humilde, levantou o braço direito para saudar o Führer em 36 e viu a coisa ficar, para aproveitar o trocadilho e a preocupação com a cor, preta!

    Soado o gongo, colocaram as duas lutas épicas para brigarem, em importância, com as suas funções de “embaixadores”. A Segunda Guerra Mundial revelou que eles estavam acima de regimes ou que eram apenas rapazes que esmurravam a realidade com as luvas. Quem chegar até o final do texto de Hegedüs verá como o preconceito facilmente beija a lona, mesmo sob os riscos ao redor. Aí é que entra o poder de decisão do Boxe e suas quatro cordas, exceto em lutas forjadas, como muitas coisas na vida: se não entrar derrotado com o esnobismo e a dissimulação, literalmente, vai dar a cara a tapa para sobreviver. (RAG)

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    El humanismo de un campeón: Max Schmeling
     
    En 1975, Max Schmeling hizo una reflexión sobre aquella derrota que sufrió en 1938 frente a Joe Louis, el “Bombardero de Detroit” y gran campeón de los pesados en el boxeo de la época: “… mirando atrás, soy casi feliz de perder aquella pelea. Sólo imagino si hubiera regresado a Alemania con la victoria. No tuve nada que ver con los nazis, pero ellos me habrían dado una medalla. Tras la guerra, pude haber sido considerado un criminal de guerra”. Jorge de Hegedüs escribió en el portal www.efdeportes.com una biografía sobre el deportista alemán.

    Corría el mes de septiembre del año 1977. La situación se estaba desarrollando en el Centro de Prensa que estaba junto a al estadio deportivo de la ciudad de Düsseldorf. El motivo de mi presencia en ese lugar era que estaba acreditado como periodista técnico para la 1ra. Copa del Mundo de Atletismo. Mientras estaba haciendo mis tareas correspondientes con relación a tan magno acontecimiento atlético, vi pasar delante de mí a una figura que me llamó la atención. Se trataba de una persona de estatura elevada ?por encima del metro noventa?, corpulento, aunque algo excedido de peso, pero de aspecto elegante pese a que debía estar en su sexta década de vida. Vestía un riguroso traje oscuro y una clásica camisa blanca. Esta persona me era conocida pues la había visto en alguna fotografía de la revista “El Gráfico”. Hasta que finalmente caí en la cuenta y, cuán grande fue mi sorpresa: era nada menos que Max Schmeling, el cual había sido campeón mundial de box en la categoría de los “pesados”. Le dirigí una sonrisa, la cual me fue devuelta, pues se había dado cuenta que lo había reconocido. En instancias en que lo vi era invitado de honor para este torneo atlético.

    Pensando en Schmeling me viene a la memoria una serie de recuerdos confusos, controvertidos, plagados de mitos, mentiras y prejuicios, los cuales son provocados por las nefastas posiciones y/o tendencias políticas.

    Pero, ¿quién era este pugilista alemán? Maximillian Adolph Otto Siegfried Schmeling nació dentro de una familia humilde el 28 de septiembre de 1905 en la ciudad de Brandemburgo. Según contó pasados muchos años, se inició en el boxeo viendo una película todavía muda, pero que estaba relacionada con este deporte. Parece que estuvo dotado para esta actividad, de tal forma, que el 12 de junio de 1930 derrota al norteamericano Jack Sharkey en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, en el segundo encuentro por la revancha el pugilista del norte lo derrotó recuperando su corona. Esta fue obtenida luego por un boxeador de Detroit llamado Joseph Louis Barrows o simplemente Joe Louis, el cual era de origen afro americano. A través de la filmación de la película por el título, el pugilista germano pudo estudiar la técnica de Louis y comentó que tenía posibilidades para vencerlo. Efectivamente así ocurrió. Schmeling, a través de su representante en los Estados Unidos hizo los debidos arreglos para enfrentar a Louis. Esto se cristalizó en junio de 1936. De manera sorprendente Joe Louis fue derrotado en el décimo segundo asalto, en un combate que fue sumamente duro pues ambos contrincantes habían dado todo de sí y terminaron bastante golpeados.

    Todos sabemos lo que ocurrió, dos años más tarde volvieron a combatir y en esta ocasión Louis bate al alemán por KO en el primer asalto. Sus golpes fueron tan contundentes, que según las publicaciones de esa época Schmeling tuvo fractura de algunas costillas. Pero todo esto quizás pueda ser solamente anecdótico; en el deporte se pierde o se gana.

    Lo que se quiere resaltar en este asunto, es todo lo colateral al enfrentamiento entre estos dos excelentes deportistas. Se constata hasta donde llega la imbecilidad humana cuando los hechos se sustentan en el racismo y el nefasto nacionalismo.

    Los problemas de Schmeling no comenzaron con su derrota sino dos años antes, cuando había triunfado y obtenido la corona mundial. En esa ocasión, al retornar a Alemania fue recibido como un triunfador, pero no solamente por el simple resultado deportivo, sino por ser un “auténtico representante de la raza aria”, la cual era “superior” a todas las demás. Inclusive se le transportó en un coche oficial hacia la capital y, obligado por las circunstancias, hizo el saludo tan conocido: extender su brazo derecho hacia el frente. Obviamente estuvo obligado por las circunstancias coyunturales; más aún, cuando tuvo lugar el evento de la esgrima femenina, en ocasión de los Juegos Olímpicos en el mismo Berlín, la representante de Alemania, Helen Mayer, la cual obtuvo la medalla de plata, al estar en el podio hizo el mismo saludo, y esta deportista… era judía. De todas maneras esa foto de Schmeling recorrió el mundo, y ello no hizo más que darle dolores de cabeza; se le tildó de “nazi”.

    Pero las verdaderas creencias de Schmeling desde el punto de vista político se pudieron percibir ya a los pocos días de llegar a Berlín después de su triunfo. En efecto, se realizó una conferencia de prensa en donde se le preguntó si había descubierto alguna falla en la anatomía de Louis (obviamente un “defecto” debido a la “inferioridad racial”), lo que le permitió vencerlo. Pero el boxeador alemán, percibiendo hacia dónde se podía dirigir el tema, contestó que “…en los asaltos finales bajaba demasiado la derecha y por ahí vi el hueco…” Pero no, ni siquiera con esta respuesta inteligente Schmeling pudo zafar de la situación, puesto que los medios publicaron “Max Schmeling encontró un defecto en la anatomía y genética del americano y lo usó para vencerle”.

    En ocasión del segundo enfrentamiento la situación de este deportista alemán estuvo plagada de dificultades. Cuando llegó a los Estados Unidos para la revancha, estuvo prácticamente encerrado en el hotel como un prisionero pues el público prácticamente le hizo constantes “escraches” - paradójicamente una metodología nazi para repudiar a alguien - con carteles cargados de insultos por su supuesta postura nacionalsocialista. Psicológicamente Schmeling entró ya “derrotado” para su enfrentamiento con Louis, aunque de todas maneras este último ya había evolucionado notablemente y era muy superior al alemán. El hecho fue que Schmeling fue a parar al hospital, en donde, llamativamente, el propio Louis fue a visitarlo para interesarse por su salud. En esa ocasión el boxeador alemán le pidió a su vencedor que no crea nada de lo que se le acusaba, a lo que el vencedor lo tranquilizó contestándole que “ya lo sabía”.

    Cuando Schmeling regresó a su país de origen ya no lo esperaba ninguna multitud, apenas una ambulancia para trasladarlo al hospital y continuar con su recuperación, y obviamente también estaba su esposa, la actriz de origen checoeslovaca Anny Ondra con la cual estuvo felizmente casado durante 54 años, pues esta falleció en 1987. También se supo que luego de su victoria sobre Louis en 1936, le pidió al gobierno alemán que protegieran a los deportistas norteamericanos durante los Juegos Olímpicos. Este gran deportista también mostró su humanismo cuando se jugó la vida al proteger a personas judías, las cuales eran sus amigos.

    A la larga se pudo evidenciar que Schmeling no mostraba simpatía alguna hacia el régimen nacionalsocialista. Fue enviado al frente como paracaidista durante la II Guerra Mundial. Saltando sobre la isla de Creta sufrió serias lesiones articulares (meniscos y columna) pero de las cuales se pudo finalmente recuperar.

                                                                                                                                                                         Una vez finalizada la terrible conflagración retomó su vida privada pero con muchas privaciones económicas. Por dicho motivo retomó el boxeo a los 43 años de edad, y pese a sus antecedentes es muy poco lo que pudo hacer puesto que en octubre de 1948 perdió por puntos contra su compatriota Richard Vogt. Con el poco dinero que pudo obtener de esta pelea se compró una pequeña granja para criar visones: apenas si le dio para sobrevivir. Pero ocurrió un milagro, puesto que un representante de una firma multinacional se acordó de él. Se le visitó y firmaron un ventajoso acuerdo comercial: Max Schmeling a partir de ese momento dejaría de criar visones y sería la imagen representativa tanto en Europa como en latino América de la bebida “Coca–Cola”. Este deportista recibió finalmente el gran reconocimiento que tanto se merecía, puesto que esto significó que se convirtiera en millonario.

    Pero este acontecimiento no le impidió conservar su sentido humanitario, no se “hundió” en la pila de dólares o marcos alemanes. De inmediato se acordó del que fuera su rival y amigo Joe Louis. Aprovechando sus viajes comerciales fue a visitarlo. Lo encontró prácticamente arruinado económicamente y con serios problemas con el “fisco”. Schmeling lo ayudó, y cuando su “rival” falleció en 1981, él fue el que costeó los gastos de su funeral.

    Es interesante y hasta llamativa una reflexión que hizo Schmeling en el año 1975 con relación a la derrota que sufrió ante Louis en 1938: “… mirando atrás, soy casi feliz de perder aquella pelea. Sólo imagino si hubiera regresado a Alemania con la victoria. No tuve nada que ver con los nazis, pero ellos me habrían dado una medalla. Tras la guerra, pude haber sido considerado un criminal de guerra”.

    El 28 de septiembre de 2004 fallece Schmelling a los 99 años de edad. Tuvo el mayor reconocimiento de todo el mundo deportivo. El entonces canciller de Alemania manifestó al enterarse de la muerte de este deportista “era una estrella que nunca dejó que la fama se le subiera a la cabeza” mientras que su opositora en la cámara, Angela Merkel, la cual a partir de 2005 se convirtiera la nueva Canciller de Alemania, reconoció su posición contraria al nacionalsocialismo: “protegió a judíos y a enemigos del régimen librándolos de ser deportados”. El gran futbolista alemán Uwe Seller – que llegó a ser sub campeón mundial en 1966 - fue amigo de Max y consideró que este boxeador era “un modelo a seguir”. En 1987 la ciudad de Los Ángeles lo nombró como “ciudadano honorario”. Desde el año 1971 lució la “Cruz Federal de Honor Alemana”, mientras que en 1979 fue recibido oficialmente por el presidente de Estados Unidos James Earl “Jimmy” Carter.

    En 1987 la prensa especializada lo eligió como el deportista alemán más importante de todos los tiempos.

    {Agencia Rodolfo Walsh}

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    * Em seus acervos primorosos, os babélicos YouTube e Wikipedia contam com os torcedores deste esporte, e numa expressão recorrente para quem nocautearia a curiosidade com um simples material tipo Power Point, “surpreendem de novo” com imagens e vídeos de ótimas qualidades – e são dos anos 30! – sobre as duas batalhas citadas aqui como pano de fundo. (RAG)

     

    1936: Louis perde…

    A revanche!

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