Lado D dos Esportes

no estilo "a vida é um jogo"
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    October 22nd, 2009Lado D dos EsportesFutebol


    Chega ao fim a série da Rodolfo Walsh sobre a Copa de 78, na Argentina.

    Imagino que no sítio da agência hermana tenha havido bastante procura por este conteúdo, que está no ar desde o ano passado, momento do trigésimo aniversário do primeiro caneco conquistado pelos nossos vizinhos. Até porque aqui no blog, por exemplo, é um dos temas mais acessados, provavelmente pelo contexto histórico que extrapola a face esportiva, pois a ditadura militar foi o décimo-terceiro jogador, uma vez que o décimo-segundo, los hinchas, faz muita diferença em qualquer disputa por lá. Mas os cinco posts garantem que bala e cassetete também entraram no campo de jogo.

    Não é difícil que cheguem outros textos referentes a este mundial, e se chegarem aos endereços do Dissonância/Lado D dos Esportes, continuarão com escalação garantida. O intuito da reprodução não tem qualquer ligação com desmerecimento do título, haja vista a dispensável pilhéria futebolística, ao contrário de rivalidade natural entre camisas diferentes, que rola entre Brasil e Argentina na geração 2000, e sim com o “estilo a vida é um jogo” , no caso, misturar estádio e caserna. (RAG)

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    Algunos recuerdos
     
    Como suele pasar a través de la historia argentina, una buena parte de sus habitantes sólo miró lo que había delante de sus narices durante la Copa del Mundo disputada hace 30 años, mientras el resto, los menos, sufrían a la asesina dictadura militar.

    Por Horacio G.

    Un camión volcador repleto de gente. Con la mayoría de sus ocupantes que gritaban Argentina. Por el triunfo de la selección de fútbol ante Holanda en la final de la Copa del Mundo que se jugó en nuestro país en el invierno de 1978. Ese es el primer recuerdo que atraviesa mi mente cuando rememoro aquellos días de mis primeros tres años. También están presentes las imágenes de un gorro de lana en la cabeza, la sombra del obelisco porteño, gente, muchísima gente con banderitas y algunos globos. Todo parecía felicidad. Para un niño de corta edad y para la mayoría de los habitantes de un país, que poco le importó lo que sucedía a su alrededor.
     
    El plan sistemático para la eliminación de personas implementado por la dictadura militar no se detuvo durante la competencia: sesenta y tres personas desaparecieron durante los 25 días que duró el certamen, según la investigación del periodista Pablo Llonto. Y miles de militantes políticos, estudiantes y trabajadores seguían detenidos y siendo torturados.
     
    A la distancia y luego de 30 años del Mundial se puede aseverar que, como tantas otras veces, a la mayoría de los argentinos sólo les importó aquello que tenían frente a sus narices. Por aquellos días lo que sucedía dentro de un campo de juego, el Matador Kempes, el Pato Fillol, Dirceu, el 6 a 0 a Perú y la Naranja Mecánica sin Johan Cruyff.
     
    La distancia también clarifica muchas cosas. El mediocampista Julio Ricardo Villa se refirió al genocidio ocurrido durante la dictadura. “Después de tanto tiempo, tenemos la certeza de que algo así no puede repetirse nunca más. Nunca más”, manifestó el ex entrenador de Defensa y Justicia.

    En un país con autocrítica nula, los principales protagonistas del Mundial 78 suelen referirse al hecho con evasivas. El entrenador de aquel equipo César Luis Menotti dijo en más de una oportunidad que no debía darle explicaciones a nadie. El Flaco fue quien calificó a Eduardo Duhalde como el nuevo Che Guevara y cenó con el asesino Jorge Rafael Videla.

    {Agencia Rodolfo Walsh}

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    August 27th, 2009Lado D dos EsportesFutebol

     

    A 30 años del Mundial 78: Una de mis mayores amarguras
     
    El periodista Roberto Benedetto, a través de su relato, ofrece una miraba única y personal de lo que sucedió en Rosario durante la disputa del Campeonato del Mundo. Euforia y desazón.
     
    Por Roberto Benedetto

    Empezaba el Mundial 78 y sentía una mezcla de euforia, ansiedad y desazón a la vez. Desde pibe había soñado con  ver un mundial y se hacía realidad. Tenía en mi poder el paquete de 7 entradas que me habilitaba a presenciar los 6 partidos en la Subsede Rosario y la final en Buenos Aires. Ver esta clase de eventos, hoy es una posibilidad cierta y accesible para mucha gente. Tiempo atrás era imposible para la gran mayoría y a eso se le agregaba la falta de adelantos técnicos que hoy existen en cuanto a lo que ofrecen la TV, pantallas gigantes, cines, etc.
     
    Eran tiempos de dictadura y el país atravesaba una de las peores etapas de la represión. El gobierno militar acentuaba la presión y mentiras propagandísticas para ocultar lo que en el exterior era sabido y aquí se tapaba o ninguneaba. En ese contexto, llegaba el Mundial con la Argentina de Menotti a la cabeza. En la etapa de preparación, se habían prohibidos las ventas al exterior de los jugadores seleccionados y los medios periodísticos no podían opinar en contra so pena de sufrir serias consecuencias.
     
    El entusiasmo inicial que tenía, comenzaba a desinflarse ya que como muchos argentinos en esa época, veía y me enteraba de situaciones terribles, difíciles de imaginar contra compatriotas, en muchos casos amigos, vecinos, compañeros de estudios y trabajo. Dolía la negativa de muchos en reconocer lo que se vivía y el “por algo será” empezó a ser el cobarde latiguillo que se fomentaba desde las altas esferas de la dictadura hasta el más humilde de los argentinos.
     
    Así comenzó el evento y empecé a sufrir una lucha interna que me costó horrores poder manejarla. Hinchaba por el seleccionado nacional pero me dolía la anestesia que cubría a la mayoría de la gente. Ganaba la selección  y me molestaba la alegría de todos los que salían a festejar con miles personas buscando a familiares desaparecidos. Por otro lado, sentía bronca por el técnico albiceleste de quien hubiera esperado alguna posición más jugada de acuerdo a lo que siempre pregonó. De los jugadores no se podía esperar nada, generalmente y en esas circunstancias mas todavía, no son afectos a inmiscuirse en temas sociales.
     
    Pasó la primera fase y Argentina se clasificó para la segunda. El destino hizo que por salir segunda en su grupo fuera a Rosario, justo donde yo tenia las entradas compradas. Concurri al primer partido versus Polonia con ese sentimiento dual que me atosigaba: que gane, que pierda, que gane, que pierda. Todo un suplicio. Estaba en el estadio con una posición muy egoísta: quería que todos tuvieran la misma bronca que yo tenía contra la Junta Militar. Y pensaba que cuando entraran los comandantes al palco, una tremenda silbatina los recibiría y entonces me sentiría reconfortado hasta unificar mis deseos en uno solo: que gane Argentina.
     
    No fue as, no hubo rechifla o abucheo generalizado y hasta fui observado con severas miradas de mis ocasionales vecinos de platea, ante mis gruesos insultos a los generales. No obstante, esperaba ilusamente que durante el transcurso del partido la muchedumbre replicara con el grito popular de “se va acabar, se va acabar, la dictadura militar”. Nada de eso ocurrió, tuve la sensación de estar en la tribuna canalla siendo hincha de Newell´s, era un extraño entre 40000 personas que pensaban distinto. A partir de ese momento ya no había dudas, quería que el seleccionado pierda, que el pueblo argentino no goce con un triunfo futbolístico. Me sentí muy mal de pensar así pero cuando lo razonaba, sentía una paz interior.
     
    Entonces, no fui al partido con Brasil; regalé la entrada que cotizaba fortuna,  y concurrí a última hora al juego con Perú creyendo que después del resultado de los brasileros, Argentina quedaba afuera. Quería ver a los comandantes irse con la cabeza gacha. Triunfó el seleccionado local en un partido muy sospechado y solo quedaba la final. Me torturaba la idea de ver a la Junta Militar entregando la Copa y los jugadores argentinos recibiéndola como si nada. Me costaba alinear mi bronca y sentirme rarísimo al querer que gane Holanda. Siempre esperé ver una final con Argentina jugándola y resulta que no quería presenciarla y además que pierda, un horror.
     
    En esa oportunidad vendí la entrada y llegado la hora del encuentro me interné en un hotel tratando de estar ausente del clima que se vivía. Ciento veinte minutos que fueron un siglo, los gritos igual se colaban en la habitación y mi corazón latía a mil. Esa sensación solo la viví después en el tiempo con los penales en la final de América de Newell´s con el San Pablo. Terminó el partido y la gente salió a festejar. Miles y miles de personas que iban al Monumento a la Bandera con sus banderas y bocinazos.
     
    Salí del hotel y sentí como si me hubiera aplastado un elefante. Lloré de impotencia, recordé cuando pibe deseaba llegar a esta instancia y en ese momento odiaba como se dio. Así como nunca más pude ver imágenes de la final de Ñubel en Brasil, tampoco vi ni lo haré seguro, nada que tenga que ver con el Mundial 78. Por razones muy distintas pero con el mismo sentimiento: impotencia, tristeza, amargura, rabia.
     
    Casi 3 años después, previo a la Semana Santa, mandé una carta-manuscrita entonces-a Osvaldo Ardizzone, prestigioso periodista de la revista Goles. En ese momento me encontraba sin trabajo ya que me había fracturado una pierna jugando al fútbol y mis tareas eran independientes. En la nota le contaba mis vivencias sobre el Mundial y Ardizzone tuvo la deferencia de dedicarme un cuento sobre las Pascuas tomando como base mi relato. El final de mi carta fue “Chau, Felices Pascuas” cuando ese saludo tenia otras connotaciones!

    {Agencia Rodolfo Walsh}

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    July 4th, 2009Lado D dos EsportesFutebol

     

    O texto abaixo é o primeiro da série sobre a Copa do Mundo ‘78, na Argentina, publicada  em 2008 pela Agencia Rodolfo Walsh no boletim informativo “El deportivo de la Walsh – Mundial ‘78″, em alusão aos 30 anos da conquista.

    Está guardada desde o ano passado na caixa de mensagens do Dissonância, só que é história, não tem prazo de validade, e como agora esta seção esportiva do front está no ar, chegou a vez do acesso ao material.

    As imagens que ilustrarão “Argentina ‘78″ fazem parte do acervo da Fifa na internet, sítio que será destacado num próximo post, haja vista a qualidade e raridade das mesmas, além da organização. Já a política da entidade, bem, o pessoal da redação da Walsh poderá falar melhor… (RAG)

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    Los 25 días que conmovieron al mundo
     
    El nefasto acontecimiento del Mundial 78 tan amarrado a los medios de comunicación trae a la memoria y en cada aniversario una figura del periodismo deportivo, singular y admirable: Dante Panzeri.
     
    Por Meriem

    Dante Panzeri fue el hombre que se opuso a la realización del Mundial por considerarlo un despilfarro y lo expresó en la propia casa del contralmirante Carlos Alberto Lacoste, pieza clave en la organización del torneo.
     
    Panzeri era un francotirador, certero, solitario, incómodo y anárquico pero el contralmirante, porfiado, decidió citarlo en su despacho. “Jamás visité un despacho oficial…” fue su respuesta. Entonces, el encuentro se produjo en la casa de Lacoste en el barrio de Belgrano durante cinco largas horas, tras lo cual no acordaron nada.
     
    Panzeri, que se atrevía a decir lo que nadie pudo ni quiso, se despegó de semejante responsabilidad y el militar, por deformación profesional declaró: “De todas maneras, la realización del mundial es una decisión política. Y ya está tomada”.
     
    Panzeri trabajaba para otra cosa. Denunció sin descanso el pasaje del fútbol como expresión de espontaneidad y alegría a un negocio multimillonario administrado por dirigentes corruptos. Solía decir: “El fútbol es la muestra gratis del país”. Se había iniciado en relatos menores del deporte en “El Gráfico” hasta llegar a demoler críticamente al intocable deporte y a quienes devinieron oligarquía de tan gigantesca empresa.
     
    La arremetida privatizadora de la década pasada afectó a las emisoras radiales que más temprano que tarde y aprovechando la volteada, desaparecieron huellas escrachadoras. Para ese entonces, el Archivo General de la Nación no tenía un sólo archivo sonoro de su voz. Justo, la sonoridad del hombre que reivindicó el papel esencial del archivo en la tarea del periodista, fue oscuramente silenciada.
     
    La gran burguesía agroexportadora e industrial de la década fatal se convirtió en aliada de las Fuerzas Armadas, parte central y homogénea del sistema capaz de representar y negociar con los sectores decisivos su acceso al gobierno.

    La conjunción cívico militar genocida gobernó la Argentina con conocimiento científico y preciso de la situación. El Mundial de Fútbol sería la cortina rutilante para distraer a la población de los escenarios clandestinos instalados a pocas cuadras de la cancha de River (la ESMA) donde se realizaban las más aberrantes violaciones a los derechos humanos.
     
    También iba a servir para contrarrestar lo que en “la prensa canalla” se denominaba la “antiargentinidad de la prensa europea”. O para olvidar “durante un mes la problemática personal y nacional”. El Gráfico y José María Muñoz “el relator de América” configuraban el símbolo de la prensa adicta, en la ocasión del torneo por la “Copa de la Paz”.
     
    Deporte y Política
     
    Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.
    (Albert Camus)

    Tengo dos problemas para jugar al fútbol. Uno es la pierna izquierda. El otro es la pierna derecha”.
    (Roberto Fontanarrosa)
     
    Además, al argentino no le gusta el fútbol. Le gusta ver ganar tal o cual cuadro. Fútbol así, no”.
    (Jorge Luis Borges)
     
    El fútbol es técnica del imprevisto por sobre todos los imprevistos. Y más aún limitando esa técnica al uso de la más indócil de las armas posesivas del hombre, los pies, siempre más indóciles que las manos al ordenamiento del cerebro…”.
    (Dante Panzeri)
     
    El goleador es siempre el mejor poeta del año”.
    (Pier Paolo Pasolini)
     
    Tal vez los jugadores tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo”.
    (Milan Kundera)
     
    De estas frases célebres se desprende una definición: El fútbol trasciende el campo de juego al tiempo que la realidad se mete en la cancha. Es pasión de multitudes, identidad nacional, cultura, espejo de la realidad, inexplicable deseo. Es la felicidad y la construcción del enemigo.
     
    También es fanatismo: muchas personas cambian de sexo pero nadie sabe, hasta el momento, que alguien haya cambiado la camiseta de su club por otra.

    Ellos lo sabían porque sabían todo de todos. También lo sabía Panzeri.

    El Mundial duró 25 días. Alegró y exaltó a las multitudes aturdidas al compás de las asonadas militares.
     
    Ya apropiados de la Copa, José Alfredo Martínez de Hoz,  ministro de Economía de los genocidas ordenó: “Debemos seguir jugando el gran partido del proceso nacional” como caso raro de funcionario que cumple con lo que promete.
     
    El periodista Pablo Llonto puso blanco sobre negro: “El Mundial ‘78 aparece como el primer símbolo de aprobación masiva a la dictadura; Videla recibió seis veces el aplauso de las multitudes en estadios repletos. La fiesta del despilfarro en la organización del torneo apenas se cuestionó. Las voces de denuncia de los exiliados y los familiares de los asesinados, desaparecidos y encarcelados fueron tomadas como expresiones de la antipatria”.
     
    El periodismo hegemónico fue el sustento esencial para garantizar la goleada de cancha entera del desgobierno. Lo que siguió es conocido y padecido por la mayoría de los habitantes de este país.
     
    El 14 de abril de 1977 moría el autor de “Burguesía y gangsterismo en el fútbol”, como para no presenciar la gran farsa.  Pocos lo acompañaron en su entierro, tal vez por la idea que él mismo se impuso: “los periodistas no tienen amigos”.
     
    A pesar de tanta tragedia, la retrospectiva histórica pone en claro que en el campo de batalla nadie tiene el poder eterno o la debilidad final.

    {Agencia Rodolfo Walsh}

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